Ideología: Latinos Are More Than a Voting Bloc

Spanish translation available below.

Latinos are the largest ethnic minority in the United States. In recent years, our cultural and political profile has grown along with our population numbers. The current notability of Latinos leads to the misconception that our political value lies in our potential to swing and/or decide elections in the near future. In reality, Latinos have been contributing to American political life for a long time, and these contributions go well beyond the notion of a monolithic “Latino vote.”  Latino strength in numbers exists because it has been built through years of serious political activism.

For generations, Chicanos and Latinos have been at the forefront of the fight for social justice and equality in our country through social movements, the courts, and electoral politics. The activism of Chicano and Puerto Rican youth, who were major participants in the civil rights battles of the 1960s and 1970s, paved the way for the development of ethnic studies courses and programs focusing on Latino history and Latino contributions to America. These battles are still relevant today when ethnic studies program are on the chopping block in high schools and colleges.

The activism of Chicano farm workers led by César Chávez and Dolores Huerta demonstrated that Latinos can use their collective power to fight corporate and wealthy interests. One of their successes includes winning a pay raise for grape pickers along with a right to unionize. The spirit of the farmworker battles echoes the current fights led by the new working class (many of them Latinos) for better wages and benefits in the service economy captured in the current fight for a $15 minimum wage (and a union).

Latinos have also successfully used the courts to recognize their rights, setting important precedents in our legal system. The 1947 California decision in favor of Latino plaintiffs in Mendez v. Westminster School District paved the way for the 1954 Brown v. The Board of Education of Topeka and the end of the “separate but equal” public schools affirmed by Plessy v. Ferguson in 1896. In another major case for civil rights, Latinos successfully challenged the existence of all-white juries in the landmark Supreme Court case of Hernández v. Texas (1953).

Latino electoral power has also been used effectively. Cuban Americans gained elective office and repealed an English-only ordinance in Miami-Dade County that unjustly targeted them in the state where Spanish was first spoken on this continent. More recently, organization of Latinos in California started voting in larger numbers and gaining elective office after anti-immigrant laws passed in the 1990s. Latino political contributions to America continue to the present day.

Sonia Sotomayor, the Bronx-born daughter of Puerto Rican parents, sits in the Supreme Court, the highest-ranking Latino public servant. Three Cuban-Americans, Ted Cruz of Texas, Bob Menendez of New Jersey, and Marco Rubio of Florida, represent their states in the United States Senate. There are 29 Latino members of the House of Representatives, the highest number ever. Hundreds of Latinos also serve in elective or appointed office at the state and local levels. Although these are significant milestones, Latinos are still underrepresented in government.

This underrepresentation does not mean that Latinos are sitting idly on the sidelines. A new generation of Latinos fights for equality in the Dreamer movement that aims to take out of the shadows undocumented immigrant youth and their right for the American Dream. Latinos are active in the #BlackLivesMatter movement and the #Fightfor15 combating systemic racism and low wages with subpar working conditions. The political strength of Latinos lies not in their numbers, but their willingness to fight injustice.

As the cliché goes, “Latinos are not a monolith.” Latinos have various national origins and ancestries, as well as generational, citizenship, and political differences. Even within this diversity, Latino unity is on the rise thanks to the emergence of what I call in my doctoral dissertation the Latino counterpublic: the network of Latino-oriented media and community organizations that have been instrumental in developing and broadcasting a Latino political agenda that consolidates distinct regional Latino nationalities into a national force to be reckon with as voters, elected officials, and activists working for a better and more equitable America. Latinos may be getting attention due to their growing numbers, but their history shows they’re more than a voting bloc.

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Los latinos son la minoría étnica más numerosa de los Estados Unidos. En los últimos años, nuestro perfil cultural y político ha crecido junto con los números de nuestra población. La visibilidad actual de los latinos conduce a la idea errónea de que nuestro valor político se halla en nuestro potencial de oscilar o decidir elecciones en un futuro cercano. En realidad, los latinos han estado aportando a la vida política estadounidense durante mucho tiempo, y estas contribuciones van mucho más allá de la noción de un monolítico "voto latino".  La fuerza en los números de los latinos existe porque se ha construido a través de años de activismo político sustancial.

Por generaciones, chicanos y latinos han estado a la vanguardia de la lucha por la justicia social y la igualdad en nuestro país a través de movimientos sociales, los tribunales y la política electoral. El activismo de los jóvenes chicanos y puertorriqueños, que fueron importantes participantes en las batallas por los derechos civiles de los 1960s y 1970s, contribuyó en el desarrollo de cursos y clases con un enfoque en estudios étnicos, programas centrados en la historia latina y las contribuciones latinas a los Estados Unidos. Estas batallas todavía hoy son pertinentes cuando la existencia de los programas de estudios étnicos en las escuelas secundarias (high schools) y las universidades están en peligro de desaparecer.

El activismo de los trabajadores agrícolas chicanos dirigido por César Chávez y Dolores Huerta demostró que los latinos pueden utilizar su poder colectivo para luchar contra los intereses corporativos y de los ricos. Uno de sus éxitos incluye ganar un aumento de salario para los recolectores de uvas, junto con el derecho a sindicalizarse. El espíritu de las luchas campesinas hace eco de las luchas actuales dirigidas por la nueva clase trabajadora (muchos de ellos latinos) por mejores salarios y beneficios en la economía de servicio, representado en la lucha actual por un salario mínimo de $15 (y un sindicato).

Los latinos han utilizado también con éxito los tribunales para hacer reconocer sus derechos, creando importantes precedentes en nuestro sistema jurídico. La decisión de California de 1947 a favor de los demandantes latinos en Mendez v. Distrito Escolar de Westminster precedió el importante triunfo de Brown v. la Junta de Educación de Topeka en 1954 y el final de las escuelas públicas "separadas pero iguales", afirmado por Plessy v. Ferguson en 1896. En otro caso importante por los derechos civiles, los latinos impugnaron exitosamente la existencia de jurados compuestos totalmente por blancos en el histórico caso de Hernández v. Texas (1953).

El poder electoral latino también se ha utilizado con eficacia. Los cubano-americanos ganaron cargos electivos  y derogaron una ordenanza estableciendo el inglés como idioma oficial en el Condado de Miami-Dade que los discriminaba injustamente en el primer estado donde se habló el español en este continente.  Más recientemente, la organización de los latinos en California los llevó a votar en mayores números y a ganar cargos electivos luego de que se promulgaran leyes anti inmigración en los 1990s.  Las contribuciones políticas latinas en los Estados Unidos continúan hasta el día de hoy.

Sonia Sotomayor, nacida en el Bronx de padres puertorriqueños, tiene un cargo en el Tribunal Supremo y es la funcionaria latina de rango más alto en el gobierno.  Tres cubano-americanos, Ted Cruz de Texas, Bob Menéndez de Nueva Jersey y Marco Rubio de Florida, representan a sus estados en el Senado de Estados Unidos. Hay 29 miembros latinos en la cámara de representantes, el mayor número en la historia. Cientos de latinos también tienen cargos electivos o designados a nivel local y estatal. Aunque estos son logros importantes, los latinos todavía están subrepresentados en el gobierno.

Esta subrepresentación no significa que los latinos permanecen al margen, sin hacer nada.  Una nueva generación de latinos lucha por la igualdad en el movimiento “Dreamer” que tiene como objetivo el sacar de las sombras a los jóvenes inmigrantes indocumentados y su derecho al Sueño Americano. Los latinos están activos en el movimiento de #BlackLivesMatter y el #Fightfor15 que luchan contra el racismo sistemático y los bajos salarios con condiciones laborales mediocres. La fuerza política de los latinos no radica en sus números, sino su voluntad de luchar contra la injusticia.

Como dice el cliché, "Los latinos no son un monolito". Los latinos tienen diversos orígenes nacionales y ascendencias, así como diferencias generacionales, de ciudadanía y políticas. Pero incluso dentro de esta diversidad, la unidad latina va en aumento gracias al desarrollo de lo que yo llamo en mi tesis doctoral el contrapúblico latino: la red de medios orientados a los latinos y las organizaciones comunitarias que han sido instrumentales en desarrollar y difundir la agenda política latina que consolida nacionalidades latinas regionales individuales en una fuerza nacional como votantes, oficiales electos y activistas que trabajan para que los Estados Unidos sean más equitativos. Es posible que los latinos estén recibiendo atención debido a su número creciente, pero la historia demuestra que son mucho más que un bloque de votantes.

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